Llega a su fin este 2008, año que comenzó para muchos
con un signo de esperanza en la regeneración democrática de la Nación
Mexicana y que termina por el contrario dejándonos la sensación de un tiempo
oscuro, marcado por la incertidumbre de lo que deparará 2009 sobre todo para
las economías y los hogares de millones de mexicanos.
La justicia correccional y
criminal, que tiene en sus manos las dos cosas que se consideran sagradas en
las sociedades modernas: la honra y la libertad de las personas, es
precisamente la más tardía, la más terrible y desesperadamente tardía de las
ramas en que la justicia se divide. Ahí, en las cárceles, gimen un buen
número de desgraciados, olvidando por los tribunales y por la sociedad, y
gimen muchas veces sin causa justificada y otras por motivos leves, que no
llegan a justificar tanto rigor y miseria tanta.